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Cuentos 

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Un Nuevo Compañero 

“…bicho que camina va a parar al asador”.

F. P.

 

Definitivamente tenía que sacarlo de allí, era insoportable. Su horripilante figura, su cuerpo descomunal, su olor, su mirada, sus extraños hábitos alimenticios, su rutinario andar, en fin, todo aquel ser se había convertido en una compañía en extremo desagradable. Al principio no me percataba siquiera de su presencia, pues su llegada a mi cuarto fue tan extraña como intempestiva.

Una noche, cuando regresaba del bar acompañado de una chica que inicialmente había cautivado mi atención, acaso por la excesiva cantidad de alcohol y tabaco que había consumido antes, entré a la habitación entre carcajadas y palabras obscenas, al observar a mi risueña compañera a la luz de los  100w del bombillo que colgaba desprevenido de un cable sucio, su figura no me pareció más llamativa, por el contrario, había algo en ella que no me gustaba en absoluto, tal vez la excesiva cantidad de maquillaje que se había puesto en el rostro, o la serie de sombras oscuras que enredaban sus tobillos desnudos, producto seguramente del caminar sin medias por una ciudad como esta, en donde el agua se apoza en las calles con facilidad. En todo caso el verla en ese momento parada en mi cuarto, un tanto ebria, había generado en mí una sensación totalmente distinta a la inicial, así que, sin disimular mucho mi desconsuelo, le pedí que me disculpara un momento mientras me aseaba un poco. Cuando estuve en el baño, solo, encerrado y en silencio, pensé en el error que había cometido al llevarla allí, lo que inicialmente se presentaba como una maravillosa aventura amorosa ahora parecía más bien el comienzo de una pesadilla, mientras concentrado trataba de encontrar la manera de zafarme de ella sin parecer un completo idiota ni hacerla sentir despreciada, escuché un alarido y mi nombre a grito entero. Salí apresuradamente y la encontré de pie sobre la mesita de noche, gritando cual histérica y señalando con angustia una esquina del cuarto.

 

-¡Está allí!- Gritaba. -¡Mátalo, mátalo ya por favor!-.

-¿A quién?- Le dije, sin entender mucho todavía.

-¿Cómo que a quién? ¡A ese bicho asqueroso que vive contigo!-

- No vivo con nadie- dije.

-¡Seguro no lo has visto, pero hay un bicho asqueroso aquí!-

 

Estuve a punto de decirle que no era ella precisamente la más indicada para hablar de belleza, siendo tan amable como era, pero me contuve. De manera cortés le expliqué la conveniencia de dejarme a solas con el visitante para que pudiera enviarle a mejor vida, así que la llevé de nuevo a la calle y le pedí que abordara el primer taxi que vimos. Agradecido con el bicho por su inesperado servicio decidí dejarle en paz, al menos por lo que quedaba de la noche.

 

No volví a saber de él en varios días, hasta que una mañana lo vi trepando por la pared, era realmente excepcional, en especial por su forma y tamaño. En ese momento me pareció, a pesar de sus múltiples patas peludas y ojos saltones, un animal de buen aspecto, es más en algún momento llegué a pensar que no era siquiera feo, pues su extraño color y el brillo de su coraza le hacían parecer hasta bello. Teniendo en cuenta que me había hecho un favor y que en realidad no parecía significar ninguna amenaza o molestia decidí que podríamos continuar viviendo juntos sin complicaciones.

 

Una semana después empezaron los problemas, este, que al principio era simplemente un habitante de mi cuarto que no suscitaba ninguna contrariedad, empezó a volverse insoportable. Lo primero: había adquirido el tamaño de un perro pequeño, lo que en esa especie de insecto era una suerte de gigantismo, además todo el cuarto había adquirido un olor muy extraño, no era precisamente desagradable, pero remitía a espacios que llevan abandonados mucho tiempo, como si fuera un lugar deshabitado; sumado a esto, el hecho de que yo no interfiriera en su diario quehacer le dio una inusitada confianza, parecía no temerme en absoluto, así que ahora salía a “saludar” siempre que yo llegaba, a tal punto que fue imposible invitar a alguien más a entrar, debido al reacción negativa que podía esperar de parte de cualquier visitante, especialmente del personal femenino.

 

Decidí entonces que debía marcharse definitivamente, pero ¿Cómo persuadirlo? Tratar de razonar con un insecto del tamaño de un chihuahua no era precisamente una opción, tampoco tenía el corazón como para matarlo, finalmente estaba en deuda con él y pues no me he caracterizado nunca por matar animales, por feos malolientes o impertinentes que estos sean, lanzarlo a la calle a su triste suerte tampoco me parecía lo adecuado, además esta opción representaba la eventualidad de un pronto regreso y con posibles represalias, así que decidí permitirle seguir llevando la misma vida pero privándome de su compañía, alquilé el cuarto contiguo, de tal modo que ahora puedo saludarle a menudo, pero sin la terrible contrariedad de compartir su habitación. 

Rafael Navajas

Bogotá

@

Verónica 

Y tendrá tus ojos y tus manos y su manía será el pulgar izquierdo. Sus primeros pasos los dará contigo y al otro lado estaré sonriendo: mis brazos extendidos serán su mundo, su tierna noche estará en tu pecho. Nos hará pasar algún disgusto, es natural si está creciendo, es natural si la alegría que planeamos, poco a poco, nos va diciendo de qué color prefiere sus vestidos, de qué sabor el helado y pienso que no es una mala elección el de brownie si tu ya lo pedías primero, antes de sabernos responsables y mayores. Ya el dinero no alcanza para los placeres, son sus metas, su futuro el que nos mantiene despiertos.

 

¿Le tendrá miedo a la noche, a los ratones y a los truenos? Acostada está en medio de los dos y yo que te quería en mis besos.

Sabia elección fue escoger un nombre para el amor y los desvelos: lo gritarás con fuerza para hacer valer tu autoridad, le dirás que te mire a los ojos y por remedio castigarás su cuerpo. Vendrá a mis brazos sollozando, pedirá a mi voz consuelo, pero yo estoy de tu lado y el castigó aumentaré con prohibiciones. Con el tiempo aprenderá a manipularnos, mentirá sino podemos concederle sus anhelos, será apasionada hasta la obstinación si quiere para sí un capricho. ¿Te recuerda a alguien, mi amor?

 

Gozaremos con sus triunfos, la auxiliaremos en sus derrotas y tendrá por alcahuete una gran amiga cuando esté en lo de sus primeros novios. A mí me tendrá como tiquetera de permisos y a ti, como la gurú de los consejos. La universidad será cosa sencilla, formalizará con un chico de trabajo. Vendrá de visita en vacaciones, nos hará abuelos aunque no estemos ancianos y verá contigo el álbum de fotos que ahora pasa frente a mis ojos, cuando tu cuerpo desnudo busca en el mío caricias después de hacer en el tuyo el futuro incierto.

Victor Zaraza

Bucaramanga

@CuentosElTaller

En mis párpados 

Para verte sólo tengo que cerrar mis ojos y sentir el dolor penetrante que me recuerda tu presencia.

Es ese momento cuando añoro tu ausencia, tal vez mañana en la mañana por fin 

me desharé de ti, ya no te sentiré en mis ojos, esta noche lo he preparado todo, tengo el cuchillo listo, lo he dejado afuera, a la luz de la luna. Para que cuando entre, sientas el frio de los desvelos que he pasado por ti.

Quiero que esas noches sin dormir sean las que te lleven a salir de mi mirada. Apenas despierte, tomaré el cuchillo y con valor o tal vez un poco de temor, lo llevaré hasta ti. Esta es la forma en que mi abuela me dijo que podía borrarte, la sabia anciana de mi familia no puede fallar, apenas el cuchillo toque mi ojo, tú, maldito orzuelo desaparecerás.

 

Gatostado.

Fundación 

Telón de Piedra

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